Newsletter CNV: La empatía es la medicina que el mundo necesita

 Buenos días, 

 

Hace unas semanas me encontré con esta frase:

 

“La empatía es la medicina que el mundo necesita”

 

Y venía así, sin nombre.

 

Sin saber quién había pronunciado esas palabras.

 

A mí, como fan de las citas, me gusta y me interesa mucho saber sobre las personas detrás de estas frases. 

 

Así que pregunté. 

 

La leí en el contexto de una iniciativa de Comunicación NoViolenta que se está llevando a cabo en Nueva Zelanda.

 

Y a lo mejor te preguntas: 

 

“¿Y cómo sabes tú qué se está haciendo en Nueva Zelanda?”

 

Pues porque, desde hace un tiempo, estoy colaborando con el Center for Nonviolent Communication, la organización creada por Marshall Rosenberg, para ayudar a dar a conocer proyectos de CNV alrededor del mundo. 

 

Y pregunté a la persona del contacto del proyecto:

 

“Oye, esta frase… ¿sabes de quién es?”

 

Y dijo que suya. 

 

Así que, a partir de ahora, yo pondré:

 

La empatía es la medicina que el mundo necesita.

-Jessica White

 

Jessica trabaja (y en realidad ha fundado) un proyecto que se dedica a ofrecer sesiones de empatía a través de un servicio profesional organizado sin que las personas que reciben el servicio paguen por ello.  

 

Se financia a través de crowdfunding para poder pagar así a las personas que ofrecen empatía.

 

Profesionales de la empatía.

 

Me gusta.

 

Y me digo que son muy necesarios en los tiempos que corren.

 

¿Por qué?

Porque la empatía nos ayuda a vernos como seres humanos.

 

Somos seres humanos, personas, que sentimos y que necesitamos.

 

Y cuando nos vemos así, no hay espacio para la violencia. 

 

Cuando nos vemos así, no hay hueco para alegrarse por la desgracia ajena.

 

Técnicamente…

 

Místicamente…

 

Ninguna desgracia es ajena.

 

Todo es propio.

 

Porque todos somos uno en realidad.

 

Marshall Rosenberg lo dejó dicho así:

“Nuestra supervivencia como especie depende de nuestra habilidad para reconocer que nuestro bienestar y el bienestar de los demás es, en realidad, la misma cosa.”

-Marshall Rosenberg

 

¿Pero cómo baja esto al día a día?

 

A la práctica.

 

En esta semana, en nuestro país, me digo que baja siendo empáticos con una señora de 87 años que murió tras haber sido desahuciada de una casa en la que estuvo viviendo y pagando la renta durante 70 años.

 

Y recuerdo que la empatía no significa estar de acuerdo o dar la razón a nadie.

 

Significa ponerse en la piel de la persona en clave de sentimientos y necesidades.

 

Independientemente de lo que se pueda pensar.

 

Independientemente de los juicios que me puedan surgir o que me traten de inocular otros.

 

Independientemente de las exigencias que surjan por el camino.

 

El ejercicio de empatía, la medicina de la empatía, el regalo de la empatía… como quieras llamarlo, está en poder vernos como seres humanos.

 

¿Cómo te imaginas que te podrías sentir tú si te echaran a la fuerza del lugar en el que has vivido durante 70 años?

 

¿Enfadado/a?

¿Dolido/a?

¿Preocupado/a?

¿Vulnerable?

¿Abatido/a?

¿Triste?

¿Deseperado/a?

¿Asustado/a?

¿Frustrado/a?

 

¿Qué necesidades crees que serían importantes para ti en una situación así?

 

¿Seguridad?

¿Cuidado?

¿Protección?

¿Respeto?

¿Bienestar?

¿Empatía?

¿Escucha?
¿Ser tenido/a en cuenta?

¿Apoyo?

¿Sentido?

¿Atención?

¿Pertenencia?

¿Comprensión?

¿Duelo?

¿Has elegido algunos sentimientos y algunas necesidades?

 

Pues ya está, ya has podido empatizar con independencia de cuáles sean tus opiniones y tus pensamientos al respecto. 

 

Esos pensamientos, en clave de juicio y exigencia, son los que pueden llevar a querer o a justificar que la otra persona sufra.

 

Por eso la empatía es tan transformadora.

 

Cuando nos ponemos las gafas de la empatía, ninguna persona “merece” sufrir. 

 

No hay nadie haciendo nada mal. 

 

Tan solo somos seres humanos que sentimos y que necesitamos. 

 

Todos.

 

Todas.

 

También los dueños de la empresa que desahució a Maricarmen.

 

También el juez que firmó la orden de desahucio para Maricarmen.

 

La empatía nos ayuda a vernos como seres humanos más allá de las acciones que hayamos realizado.

 

Y, de nuevo, dar empatía no significa estar de acuerdo con esas acciones ni justificarlas.

 

Es vernos como seres humanos.

 

Es la medicina que nos saca del odio.

 

De la polarización.

 

¿Qué humanidad puede haber detrás de los propietarios de la empresa, Fernando y Ricardo, que promovieron el desahucio de Maricarmen?

 

Veámoslo.

 

Si fueras tú uno de ellos, ¿cómo crees que te sentirías al conseguir que el piso de tu propiedad ya no tuviera una inquilina de renta antigua?

¿Contento/a?

¿Aliviado/a?

¿Tranquilo/a?

¿Orgulloso/a?

¿Expectante?

¿Ilusionado?

¿Pletórico/a?

¿Emocionado/a?

 

 

¿Qué necesidades crees que serían importantes para ti en una situación así?

 

¿Valoración?

¿Reconocimiento?

¿Seguridad financiera?

¿Libertad?

¿Sentido?

¿Realización?

¿Confianza?

¿Evolución?

¿Respeto?

 

¿Has elegido algunos sentimientos y algunas necesidades?

 

Pues ya está, ya has podido empatizar con independencia de cuáles sean tus opiniones y tus pensamientos al respecto. 

 

Esos pensamientos, en clave de juicio y exigencia, son los que pueden llevar a querer o a justificar que la otra persona sufra.

 

Por eso la empatía es tan transformadora.

 

Desde la empatía no hay espacio para la violencia. 

 

Solo para acciones que traten de satisfacer las necesidades de todas las partes. 

 

Para el beneficio común.

 

Porque de nuestra capacidad para encontrarlo, como decía Marshall, dependerá, nada más y nada menos, nuestra supervivencia como especie.

 

Te deseo una semana repleta de empatía, de autoempatía y de necesidades satisfechas. 

 

Y cero repleta de ganas de que otras personas sufran por lo que han hecho.

 

Cálidamente,

Chavi.

 

PD: Recuerda que puedes darte de baja siempre que quieras de esta newsletter. Basta con contestar “baja” o “viva el juicio” a este o a cualquier otro correo de los domingos.